{ Dicen que cada molécula de nuestro cuerpo perteneció alguna vez a una estrella. Quizá no me esté yendo. Quizá este volviendo a casa. }

Gattaca.

Aunque esta vez si no respiro es por no ahogarme



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24.10.10

never let me go

-No puedes irte.
-He de hacerlo.
-¿Y ellos? ¿Y nosotros?
-Podéis cuidaros solos. Eres un héroe ¿no?
-Tal vez haya perdido el valor.
-No digas tonterías.
-Joder, no lo entiendes ¿verdad?
-Tú eres el que parece no comprender. Debo ir por él.
-...
-¡Deja de torturarte y de darme pena! ¿Acaso sigues sin entender? ¿No te lo he explicado ya?
-Vete entonces. ¿Para qué me escuchas?
-No vas a parar ¿cierto?
Silencio.
-¿Alguna vez has sientido esa sensación? ¿Como si se te olvidase en un cajón el corazón?
-La estoy sintiendo ahora mismo.

Hatter y Alice, de la miniserie Alice de SyFy. Micro FanFic.

8.10.10

Justin narra cuentos en escala de la menor #

No me acuerdo. Lo he intentado, a escondidas, pero no recuerdo tu rostro.
¿De qué color eran tus ojos? ¿De qué color?
Ah, que ya  no estás. Eso también lo olvidaba.
Olvidaba que te fuiste. No, miento, se te llevaron. Espera, espera... De acuerdo, no lo recuerdo. El caso es que me abandonaste.
Mathias decía que un corazón roto hacía el ruido de cien huevos cascados. El mío simplemente se paró.
Tampoco me acuerdo de tu jodido nombre, aquel que me arrancabas de los labios cada vez que querías hacerme rabiar. Lo conseguiste. Hoy he llorado. Por tu culpa, Charlotte se ha preocupado por mí, aunque le avisé de que siempre heriste a todo el mundo.
Ya no sonrío cuando veo un arco iris, los malditos recuerdos de cuando contábamos gotas de colores sobre el techo del camión han quebrado mi sonrisa.
También he olvidado todos los cuentos que te narraba al oído, muy bajito, las mañanas de otoño. ¿Te parece bonito? Porque a mi me duele.
Joder, me duele sentir cada mañana ese trocito de ti que se quedó gimiendo un vals de pajarillos en la menor bajo mi nuca llena de cicatrices de besos muertos.
Me duele que solo seas un "" en la punta de la lengua, que todavía no te hayas ido del todo, que todavía me destroces la vida a distancia.
Dollie también se ha marchado. Es duro saber que no escucharé más sus "Justin, callate de una vez, imbécil."
Pero a ella no le guardo rencor. Al menos me dijo adiós.

7.10.10

Era la prueba de tinta de la impresora. Una fotocopia defectuosa. Demasiado diferente para ser la imagen perfecta, demasiado bien hecha para arrugarla cual papel desechado.
Era única.

V.

2.10.10

Siempre me dijeron que mi historia no tendría final

Frío. Hielo. Sentía los huesos podridos bajo la horrible humedad. El miedo corroía mis entrañas, y no podía evitar hacerme esa pregunta estúpida que siempre repetían una y otra vez los héroes atormentados. ¿Por qué a mí? ¿Por qué acabé como una marioneta, tirado en esa oscura prisión de cartón, bajo el dolor de las punzantes gotas de agua que caían como agujas desde el cielo?



Pronto encontré la respuesta. Porque lo merecía. Sin más preámbulos, sin confusiones. Merecía todo lo sucedido, merecía el polvo de la oscuridad que empezaba a cubrirme, merecía caer.

No me costó mucho dar esos tres pasos  hasta la muerte.

21st Century Breakdown
Nunca contestaba al teléfono por miedo a las malas noticias. >>
v.

28.8.10

I was round when Jesus Christ
has his moment of doubt and pain.>>
Sympathy for the Devil


Sus cabellos se entrelazaban con la ceniza que caía sobre aquella tierra devastada. De nuevo, sola.
Cerró los ojos, pero luego no pudo abrirlos. Su figura delgada cual sombra al atardecer, cayó cuan larga era sobre el terreno áspero y escarpado, haciendo que en sus manos se clavase una oleada de pequeños cristales grisáceos. Alzó la mirada, pestañeando y haciendo que el polvo de sus párpados flotase en torno a su rostro, todavía levemente infantil. Sus pómulos estaban hundidos, sus mejillas pálidas y sus labios cortados. No se atisbaba el menor rastro de vida en los iris corintios que antaño se había ahumado con los primeros gases de la guerra, impidiéndole ver con claridad.
Se levantó, con pesadez, empuñando un arma y con un soplo de valentía en su corazón.
Toda la tierra era ahora de un color gris desvaído y todavía se podían entrever las hondonadas causadas por las granadas que le habían arrancado de un inquieto sueño.
No sabía que una nube tóxica se alzaba sobre ella, mortífera y veloz.
Viendo su chamizo destrozado, y todavía con el manto nocturno empolvando sus sentidos, la joven se calzó las botas y buscó algún camino, algún signo de que allí antes hubiese existido algo. Cualquier cosa insignificante que no fuesen los casquillos de las balas o la metralla de las granadas. Pero algo al menos...

14.8.10

Chocolate


Me debes una motosierra ¬¬. Y que sea roja .